La música
La música es, junto con el whisky, el ingrediente más importante de todo matrimonio que se precie. Mientras los novios comienzan su sesión fotográfica de dos horas (de la que hablaremos en otra oportunidad), los invitados escuchan música digna del más estereotipado consultorio odontológico, liderada por los grandes éxitos de Kenny G, sazonados con algunos temas instrumentales de Bryan Adams, Sting y otros representantes del pop de los `80. En algunos casos, esta espera es amenazada, perdón, amenizada, por un grupo de violines en vivo, o un saxofonista que todos describen entre suspiros como "bellísimo" mientras no dejan de pensar en cuándo pondrán el set de reggetón y estiran sus cuellos a ver si avistan al mesonero que les traerá el primer trago.
Por fin termina la sesión fotográfica y los novios se dirigen a su primer baile como esposos. Aparentemente, la orquesta o DJ jamás le pregunta a la pareja qué canción desearían bailar porque todos terminan invariablemente moviéndose al ritmo del Danubio Azul o, los menos afortunados, del Tiempo de Vals de Chayanne. Esta es la oportunidad perfecta para demostrar la poca gracia de ambos, que en su vida han bailado un vals, y que no pueden siquiera coordinar para dar dos pasos a la izquierda y dos a la derecha al mismo tiempo. Los novios, con la cara cada vez más roja sabiendo que todos están mirándolos hacer el ridículo, pasan a bailar con sus padres y padrinos desviando así la atención hacia los demás bailarines. Sin falta, la canción que le sigue al vals es el pasodoble "El Beso" (o cómo se llame) que danzan alegremente todos los asistentes mayores de 50 años, ocasión que los novios aprovechan a ver si pueden sentarse dos minutos mientras ven a la gente tarareando a todo volumen "para besar se necesitan dos, dos, dos..."
Los menores de 50 años están ahora felices campaneando sus vasos de whiskey los hombres y champaña las mujeres y tomando cuanto pasapalo pasa a su lado, algunos diciéndole al mesonero "compadre, pasa por aquí primero cuando traigas los tequeños". La música cambia a alegres melodías de salsa y merengue y las mujeres comienzan a moverse como poseídas en la silla tratando de que sus parejas entiendan la indirecta de que quieren que las saquen a bailar. Pero los hombres están muy ocupados contando los detalles de la despedida de soltero de la noche anterior. Los mayores de 50, que se sentaron luego de "El Beso", a duras penas pueden entender a sus vecinos de mesa por el volumen de la música y se limitan a agotar la botella de whisky que pareciera haber venido agujereada de la fábrica por la rapidez con la que se consume el vital líquido.
La madre de la novia mira horrorizada como su hija cambia los zapatos de tacón por unos de goma (que trajo la madrina encaletados para que la señora no se diera cuenta y los extraviara "accidentalmente") y allí salen los novios a bailotear con el resto de los invitados, pasando por diferentes ritmos: salsa, merengue, changa... hasta que llega el tan ansiado set de reggetón, música que el novio detesta y que la novia critica sin parar, pero basta que suenen los primeros acordes de Atrévete para que la chica salte como movida por un resorte rogando "sólo ésta, mi amor, aaaandaaaa". Todos los amigos de los novios salen a bailar, provocando el impelable comentario de los mayores: "que clase de música es ésta? los sesenta!! eso sí era música". Y las inocentes niñitas que llevaron las arras y anillos demuestran todo lo que han aprendido viendo los videos de Calle 13 y Tego Calderón, ante las orgullosas miradas de sus padres.
Una vez que el nivel alcohólico de más del 50% de los invitados ha rebasado el límite legal, comienza la Hora Loca, clímax de cualquier celebración venezolana. Sombreros con los más inexplicables diseños ruedan entre los invitados, destacando los de los novios, los padres y padrinos. Señoras encopetadas perdiendo el peinado de peluquería con sombreros a lo Carmen Miranda llenan la pista de baile mientras sus esposos siguen mordisqueando quesos y aprovechan la falta de vigilancia para bucearse al resto de las invitadas. Las damas de honor comienzan a hacer coreografías, recordando sus años de bachillerato. Todos se pelean por agarrar el collar hawaiano que mejor cuadre con su atuendo y sonríen al fotográfo, ya más que harto de tomar las mismas fotos de gente con los mismos sombreros. Y todos forman parte de esa inmensa serpriente adosada a La Conga de Ricardo Montaner, saludando a los que siguen en las mesas incitándolos a formar parte del delirio. No pueden faltar Juana La Cubana, Persiana American, YMCA e Ilari Lari Lari E, entre otros clásicos, que sólo tenemos oportunidad de escuchar en una boda. Luego suena la música típica y todos, menos los novios cuya falta de ritmo quedó ya establecida, se contonean al ritmo de los tambores venezolanos, sambra brasilera, y la tarantella.
Luego de la Hora Loca, la fiesta se va disolviendo poco a poco; se sirve el chupe, se pica la torta, las chicas que quedan se disputan el dije de la torta y el bouquet, con la esperanza de no quedarse solteras y picándole el ojo al primo del novio. Y en el futuro, el éxito de la fiesta estará siempre basado en la calidad de la música y el porcentaje de invitados que se quedaron sentados en la Hora Loca.
Por fin termina la sesión fotográfica y los novios se dirigen a su primer baile como esposos. Aparentemente, la orquesta o DJ jamás le pregunta a la pareja qué canción desearían bailar porque todos terminan invariablemente moviéndose al ritmo del Danubio Azul o, los menos afortunados, del Tiempo de Vals de Chayanne. Esta es la oportunidad perfecta para demostrar la poca gracia de ambos, que en su vida han bailado un vals, y que no pueden siquiera coordinar para dar dos pasos a la izquierda y dos a la derecha al mismo tiempo. Los novios, con la cara cada vez más roja sabiendo que todos están mirándolos hacer el ridículo, pasan a bailar con sus padres y padrinos desviando así la atención hacia los demás bailarines. Sin falta, la canción que le sigue al vals es el pasodoble "El Beso" (o cómo se llame) que danzan alegremente todos los asistentes mayores de 50 años, ocasión que los novios aprovechan a ver si pueden sentarse dos minutos mientras ven a la gente tarareando a todo volumen "para besar se necesitan dos, dos, dos..."
Los menores de 50 años están ahora felices campaneando sus vasos de whiskey los hombres y champaña las mujeres y tomando cuanto pasapalo pasa a su lado, algunos diciéndole al mesonero "compadre, pasa por aquí primero cuando traigas los tequeños". La música cambia a alegres melodías de salsa y merengue y las mujeres comienzan a moverse como poseídas en la silla tratando de que sus parejas entiendan la indirecta de que quieren que las saquen a bailar. Pero los hombres están muy ocupados contando los detalles de la despedida de soltero de la noche anterior. Los mayores de 50, que se sentaron luego de "El Beso", a duras penas pueden entender a sus vecinos de mesa por el volumen de la música y se limitan a agotar la botella de whisky que pareciera haber venido agujereada de la fábrica por la rapidez con la que se consume el vital líquido.
La madre de la novia mira horrorizada como su hija cambia los zapatos de tacón por unos de goma (que trajo la madrina encaletados para que la señora no se diera cuenta y los extraviara "accidentalmente") y allí salen los novios a bailotear con el resto de los invitados, pasando por diferentes ritmos: salsa, merengue, changa... hasta que llega el tan ansiado set de reggetón, música que el novio detesta y que la novia critica sin parar, pero basta que suenen los primeros acordes de Atrévete para que la chica salte como movida por un resorte rogando "sólo ésta, mi amor, aaaandaaaa". Todos los amigos de los novios salen a bailar, provocando el impelable comentario de los mayores: "que clase de música es ésta? los sesenta!! eso sí era música". Y las inocentes niñitas que llevaron las arras y anillos demuestran todo lo que han aprendido viendo los videos de Calle 13 y Tego Calderón, ante las orgullosas miradas de sus padres.
Una vez que el nivel alcohólico de más del 50% de los invitados ha rebasado el límite legal, comienza la Hora Loca, clímax de cualquier celebración venezolana. Sombreros con los más inexplicables diseños ruedan entre los invitados, destacando los de los novios, los padres y padrinos. Señoras encopetadas perdiendo el peinado de peluquería con sombreros a lo Carmen Miranda llenan la pista de baile mientras sus esposos siguen mordisqueando quesos y aprovechan la falta de vigilancia para bucearse al resto de las invitadas. Las damas de honor comienzan a hacer coreografías, recordando sus años de bachillerato. Todos se pelean por agarrar el collar hawaiano que mejor cuadre con su atuendo y sonríen al fotográfo, ya más que harto de tomar las mismas fotos de gente con los mismos sombreros. Y todos forman parte de esa inmensa serpriente adosada a La Conga de Ricardo Montaner, saludando a los que siguen en las mesas incitándolos a formar parte del delirio. No pueden faltar Juana La Cubana, Persiana American, YMCA e Ilari Lari Lari E, entre otros clásicos, que sólo tenemos oportunidad de escuchar en una boda. Luego suena la música típica y todos, menos los novios cuya falta de ritmo quedó ya establecida, se contonean al ritmo de los tambores venezolanos, sambra brasilera, y la tarantella.
Luego de la Hora Loca, la fiesta se va disolviendo poco a poco; se sirve el chupe, se pica la torta, las chicas que quedan se disputan el dije de la torta y el bouquet, con la esperanza de no quedarse solteras y picándole el ojo al primo del novio. Y en el futuro, el éxito de la fiesta estará siempre basado en la calidad de la música y el porcentaje de invitados que se quedaron sentados en la Hora Loca.

4 Comments:
At 10:54 AM,
Bombom...! said…
Si sobrevives pasame la receta... Yo me caso el año que viene!!!
Empiezo los preparativos en enero...
Saludos!
At 4:02 PM,
Jessica Dos Santos said…
Hola.....jajaja! demasiada buena la acnécdota....muy cómica ..me encantó leerla!!..pero a pesar de todo, comparado con las bodas europeas, por ejemplo,no hay nada como la nuestra!!, y, apesar que todo se vuelve igual al ir de fiestas en fiesta orque sólo lo que cambian son los personajes principales...es decir: los novios..no hay MEJOR RUMBA DE BODA que la Venezolana!!!!!!
At 9:03 AM,
Rosangela said…
Jajaja, pero que cierto y que repetido
pero si le propenes una fiesta diferente la gente convulsiona.......pero si no ponemos cotillon diran que estoy peandoooo!!!!!!!!!!
At 10:55 AM,
El Padre de Ricardo Alfonso said…
Que triste que la celebraciones en general con el foco "Venezolana" sean tan triviales, egoistas y llenas de vagas experiencias de alcohol, desorden y valoraciones económicas, criticas destructivas y aceptaciones burdas. Si se atreviesen a conocer los conceptos reales, y se centrará en hacer de la celebración la gala a la memoria, recuerdos y buenas experiencias de amor, no creo que se usaria ni el DJ, ni el alcohol, menos el cotillon y tantas pendejadas para creerse mejor.
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